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Esta es la razón por la que odiamos a los inmigrantes venezolanos

Esta es la razón por la que odiamos a los inmigrantes venezolanos

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Los inmigrantes venezolanos se han convertido en uno de los problemas más latentes en los últimos años en latinoamérica. Países como Colombia, Ecuador, Perú y Chile reciben a diario cientos de personas provenientes de Venezuela en busca de mejores oportunidades de vida. Este fenómeno social se ha convertido en un tema candente para los latinoamericanos, las calles y las redes sociales no solo se han llenado de inmigrantes venezolanos, sino de opiniones sobre ellos. Lo cierto del caso es que el odio que despiertan es evidente y saca a la luz el lado más oscuro de suramérica.

Esta es la razón por la que odiamos a los inmigrantes venezolanos

Inmigrantes venezolanos

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Hace apenas unos meses las Redes Sociales se desbordaron de odio y mensajes insultantes para Donald Trump, sus políticas en las que rechazaba a los inmigrantes, prendieron las alertas mundiales y las opiniones en las redes sociales no se hicieron esperar, tildando a Trump de xenófobo y rechazando sus propuestas.

Hoy por hoy, la moneda giró y son nuestros países latinoamericanos los que reciben a los inmigrantes venezolanos. El problema es que todos los mensajes en contra de la discriminación parecen haberse olvidado, y nos hemos convertido en verdugos de aquellos que solo buscan huir de la violencia, el hambre, el miedo y la corrupción para conseguir una estabilidad que les permita empezar de nuevo y dar el sustento a sus familias.

Inmigrantes venezolanos

Debido a estos procesos migratorios, las redes sociales se llenaron de mensajes de odio en contra de los venezolanos, las mismas personas que atacaban a Trump, son ahora los xenófobos que arremeten contra sus hermanos latinoamericanos y les cierran la puerta de su país con una actitud arrogante y una falsa moral que sorprende. Despreciamos a los venezolanos porque son un espejo, porque nos muestran lo que es latinoamérica y lo que somos como sociedad.

El odio a los venezolanos se sustenta en el desconocimiento de la historia, en la falta de una identidad real que nos permita abrazar la diferencia, y en ese delirio de inferioridad que se ve evidenciado en un atraso cultural profundo. Decimos que los venezolanos son ladrones, prostitutas y delincuentes y los culpamos de problemáticas sociales que son tan antiguas como la historia de cada país. Aprovechamos la presencia de los inmigrantes para descargar todas nuestras frustraciones en ellos usando como bandera un regionalismo absurdo que nos impide ver con claridad lo que somos.

En Colombia, Chile, Ecuador o Perú ya había prostitutas y ladrones mucho antes de que llegaran los venezolanos, en estos países los niños se mueren de hambre, las personas agonizan en las puertas de los hospitales y los ancianos son tratados como basura. En países como estos la corrupción ha creado escenarios desoladores que empujan a sus ciudadanos a la delincuencia y a vivir en la ilegalidad para obtener un plato de comida. Nos llenamos la boca diciendo que somos el país de «La Feria de las Flores» o del «Festival de Viña del Mar», pero se nos olvida decir que también somos los países de los falsos positivos y de los desplazamientos, en donde nuestros campesinos se convierten en inmigrantes en su propio país.

¡Todos somos inmigrantes!

Inmigrantes venezolanos

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Si miramos la historia de los países latinoméricanos podemos descubrir que todos somos inmigrantes. Nuestras raíces están sustentadas en procesos colonizadores sangrientos que dieron como resultado una mezcla cultural en donde más que colombianos o ecuatorianos, somos la combinación de raíces africanas, europeas e indígenas. Todo lo que consideramos propio, está permeado por la tradición de diferentes pueblos y civilizaciones que convierten la identidad en una fiesta de matices.

Nuestro problema es que nos escondemos detrás de una bandera para no reconocernos como seres humanos. Sin ir muy lejos en el tiempo, estoy segura de que más del 90% de nosotros, hemos sido inmigrantes alguna vez, somos inmigrantes en este momento o tenemos un familiar que vive en otro país y que se enfrenta cada día a las miradas inquisidoras de quienes se creen dueños del mundo por haber tenido la casualidad de nacer en un territorio determinado.

Nuestras fronteras más que físicas son mentales, por eso nos atrevemos a decir que el problema son los venezolanos, que los mal educados son los venezolanos, que los delincuentes son los venezolanos. ¡No señores! El problema, los mal educados y los delincuentes somos todos como sociedad. Lo que nos convierte en esto o en lo otro no es la nacionalidad sino nuestros valores y forma de ver el mundo. Llenamos la vida de etiquetas para sustentar una falsa moral que nos convierte en verdugos de nosotros mismos. Las generalizaciones lo único que muestran es una profunda ignorancia, en la que juzgamos a una comunidad entera por los actos deplorables de una sola persona.

En conclusión, odiamos a los inmigrantes venezolanos porque son un reflejo contundente de la desigualdad de la sociedad en la que vivimos. Porque ponen en evidencia nuestro atraso cultural y humano, porque cuando alguien se atreve a decir «No quiero más venezolanos en mi país» lo único que está diciendo es que le importa más un ilusorio trozo de bandera que la vida y la dignidad de un ser humano.