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2 poetisas latinoamericanas a las que el amor las llevó a la muerte

2 poetisas latinoamericanas a las que el amor las llevó a la muerte

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Si eres un amante de la buena literatura y la poesía, muy seguramente has escuchado hablar de estas 2 poetisas latinoamericanas, que fueron reconocidas por su magistral obra y por su repentina muerte, la cual decidieron tomar en sus propias manos. En SOY CURIOSO conoce a Alejandra Pizarnik y Alfonsina Storni.

2 poetisas latinoamericanas a las que el amor las llevó a la muerte

poetisas latinoamericanas

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Todos hemos pasado por decepciones amorosas en la vida, algunos más que otros, pero sin duda todos hemos saboreado el amargo gusto del desamor.

Hay quienes tienen un alma fuerte y libre de apegos, que les ayuda a sanar rápidamente y no sufrir tanto. Pero existen otros, seres en extremo sensibles, que sienten el mundo de una manera diferente, que padecen cada tristeza como si fuera la primera y aman con locura, como si fuera la última vez.

Alguna vez, reflexionando con algunos compañeros sobre literatura, y sobre el inmenso grupo de escritores y poetas que decidían quitarse la vida; concluíamos que la labor del poeta es encontrar belleza en el mundo, y que era una labor muy exhaustiva, ya que el poeta toma todo el dolor, la injusticia y la muerte del mundo; convirtiéndolo en algo hermoso: tristemente hermoso, cruelmente hermoso, el arte de sacar belleza de la perversión.

Y pensamos que esto mismo es lo que terminaba cansando el alma sensible del artista, opacando su luz interna y dejándolo al fin vacío. Muchas veces la soledad y el aislamiento los dejan sin nada más que dar.

Y aunque hay muchos escritores y poetas que podríamos mencionar con este respecto, hoy hablaremos de dos de mis escritoras favoritas, dos poetisas latinoamericanas, dos mujeres sumamente inteligentes, pioneras de su época y con obras que nos dejan sin palabras.

  • Alfonsina Storni  (Capriasca, Suiza; 25 de octubre de 1892​​​​-Mar del Plata, Argentina; 25 de octubre de 1938)

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Fue una pionera en la lucha de las mujeres por hacerse de un lugar de reconocimiento en la literatura latinoamericana. Una mujer frágil, inteligente, feroz, contestataria, romántica y vanguardista. Con la fuerza de sus letras, dejó a una sociedad prejuiciosa e hipócrita de la época, sin palabras en más de una ocasión.

También despertó en las mujeres una inquietud de rebelión, no perdía oportunidad alguna para decirles a las mujeres por medio de sus escritos y poemas que si ellas querían podían ser libres.

Una época difícil para las poetisas latinoamericanas: la exposición constante a los juicios de la gente y la cantidad de normas y prohibiciones a las que eran sometidas las mujeres dentro la sociedad de ese tiempo.

Alfonsina vivió en Argentina desde los 4 años de edad, se graduó como maestra y sus primeras publicaciones fueron en revistas de hogar, que eran los espacios en los que era bien visto que una mujer escribiera. Con el tiempo su fama fue creciendo y empezó a formar parte de los grandes círculos de escritores, fue ahí donde conoció al gran amor de su vida: Horacio Quiroga.

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La historia y los testimonios cuentas que en una reunión de escritores y hombres cultos, se encontraban estos dos personajes. Durante la fiesta se realizó un juego con el fin de amenizar el momento, se trataba de un juego en el que una pareja debía besar las caras de un reloj mientras el hombre lo sostenía en medio. Alfonsina y Horacio debían jugar juntos, y en el preciso momento en el que la escritora se acercaba con ojos cerrados a besar la cara del reloj, Horacio quitó la prenda rápidamente, lo que terminó en su primer dulce beso.

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Este romance continuó, aunque no se tiene mucha información al respecto, que sea certera, se sabe que hubo mucho intercambio de letras entre ellos, también es un hecho la cantidad de correspondencia que hubo entre ellos cuando Horacio, el maestro de escuela decidió irse de misiones a la selva, y se rumorea que la escritora argentina no lo acompañó por su miedo a estar incomunicada en medio de la selva; también se dice de una carta póstuma que Horacio le mandara a Alfonsina, pero que nunca llegó a sus manos.

Si me preguntan a mí, esos romances de cartas eran ¡la puta hostia!

El desenlace es tan trágico cómo los mismos protagonistas de ésta historia:

Alfonsina fue diagnosticada y operada de cáncer de seno en mayo de 1935, un año después el escritor uruguayo, Horacio Quiroga se suicida bebiendo cianuro en un hospital en la ciudad de Buenos Aires.

Por si fuera poco el cáncer de seno de Alfonsina no dimitió y desolada una de nuestras poetisas latinoamericanas, se arroja al mar para acabar con su vida, saltando desde un barco en un acto de profunda tristeza y desesperación.

Alfonsina le dedicó estas letras a Horacio:

«Morir como tú, Horacio, en tus / cabales,/Y así como en tus cuentos, no/ está mal;/ un rayo a tiempo y se acabó la/ feria… / Allá dirán/ Más pudre el miedo, Horacio,/Que la muerte/ que a las espaldas va./Bebiste bien, que luego/sonreías…/Allá dirán.»

(Alfonsina Storni, Poesías Completas, Soc. Editora Latinoamericana – Buenos Aires 1968)

Se han reproducido muchas obras de arte en su honor, un ejemplo es la canción escrita por Felix Luna e interpretada en una de sus versiones por Mercedes Sosa.

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  • Alejandra Pizarnik (Avellaneda, 29 de abril de 1936 – Buenos Aires, 25 de septiembre de 1972)

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Ella es toda melancolía, siempre con la muerte arañándole el alma, la mujer pájaro, la que vivió enjaulada. Quizás enjaulada en la escasez de palabras, en su propio silencio, en un silencio que pedía amar.

Una de las poetisas latinoamericanas de más relevancia en el ámbito literario. Una escritora tanto maravillosa como singular, tiene una oscuridad que hipnotiza, una tristeza embriagadora y adictiva.

De un talento empírico que imposible catalogar en las categorías de las escuelas literarias. Su obsesión romántica con la muerte, la forma en que la dibujaba con cariño en sus escritos, y en todo lo que tocaba.

Su vida influenció en muchos escritores famosos que llegaron a quererla.

      «No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar»

Enrique Molina

 “Alejandra/ Puesto que el Hades no existe, /seguramente estás allí, /último hotel, último sueño, /pasajera obstinada de la ausencia. /Sin equipajes ni papeles, /dando por óbolo un cuaderno / o un lápiz de color. / —Acéptalos, barquero: nadie pagó más caro / el ingreso a los Grandes Transparentes, /al jardín donde Alicia la esperaba”.

Julio Cortazar

 “(…) que la vida de Alejandra no fue una pose, que fue una escritora, que le dolió serlo, porque casi nadie podía mirarla y comprenderla y amarla tal cual era (…)”.

Ana Becciu

Al llevar una nostalgia tan propia, una melancolía cercana: era imposible que Alejandra no pensara en la muerte con insistencia. Su amor fue uno prohibido, tan singular como ella misma. Alejandra se enamoró de la también escritora Silvina Ocampo, que además era esposa de Bioy Casares, también amigo de Pizarnik.

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Aunque tuvo muchos intentos de suicidio días previos al día en que definitivamente decidió acabar con su vida le escribió una carta a la escritora Silvina Ocampo, una carta que estremece por su crudeza y excesiva exaltación ante su amor, quién llamo su «vida en el sentido literal»; ahíle recuerda a Silvina que la ama «sin fondo», después de muchas peticiones y deseos explícitos concluye pidiéndole a Silvina que le haga un «lugarcito» en ella, que la cobije, y la sane que no hiciera «que tenga que morir ya».

No sabemos que pudo dar origen a esta relación de amor y admiración entre una mujer de casi 70 años (Silvina Ocampo), «Adolfito», el esposo de Silvina a quién Alejandra nombro así por cariño, una melancólica escritora de 36 años, y no existen muchas pruebas o fotos. Pero el amor que sintió Alejandra la llevo a desaparecer, un sentimiento tan grande y tan prohibido que no pudo soportar. Un amor «sin fondo».

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De las poetisas latinoamericanas de más eco en la historia y contínua resonancia, Alejandra Pizarnik se suicida un 25 de septiembre de 1972, a los 36 años de edad, decide terminar con su vida ingiriendo 50 pastillas de Seconal, un barbitúrico al que era adicta desde niña.

Se suicidó un fin de semana en el que logró conseguir un permiso de salida del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde había sido recluida después de un cuadro depresivo.

¿Qué te parecieron estas dos historias?

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Saludos y muchos besos.