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El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

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Esta es la increíble historia del doctor P. y por extraños que parezcan los hechos que te relataremos a continuación sucedieron realmente.

Era la década de 1980 cuando el doctor P. un prestigioso profesor de música comenzó a tener una actitud extraña según relatos de sus alumnos y personas cercanas. A veces un estudiante se presentaba al doctor P. y él no lo reconocía, o mejor dicho, no identificaba su cara, solo cuando el estudiante hablaba lo reconocía por la voz.

Estos acontecimientos fueron creciendo gradualmente generando confusión y miedo entre las personas cercanas al doctor P. incluso poniéndolo en situaciones cómicas sumamente embarazosas pues no era extraño que éste comenzara a acariciar un hidrante o un parquímetro confundiéndolo con un niño.

Este tipo de actitudes aunque evidenciaban algo extraño no preocupaban al doctor P. pues pensaba que se trataba de algo sin importancia, solo hasta tres años después de que empezaron a presentarse estos episodios decidió acudir a un oftalmólogo, quien le dijo que se encontraba en perfectas condiciones visuales, y en vista de esto le aconsejo acudir a donde un neurólogo.

Al llegar al lugar sostuvieron la siguiente conversación:

—¿Y qué le pasa a usted? — dijo el neurólogo

—A mí me parece que nada —contestó con una sonrisa— pero todos me dicen que me pasa algo raro en la vista.

—¿Pero usted no nota ningún problema en la vista?

—No, directamente no, pero a veces cometo errores.

En vista de esto el neurólogo comenzó a hacer sus pruebas de rutina para lo que solicitó al doctor P. que se quitase el zapato izquierdo, posteriormente al realizar el análisis se le pidió que volviera a colocarse el zapato, pero unos minutos después el doctor P. no había hecho lo que se le había solicitado.

—¿Quiere que le ayude? —preguntó el neurólogo

—¿Ayudarme a qué? ¿Ayudar a quién?

—Ayudarle a usted a ponerse el zapato.

—Ah, sí —dijo— se me había olvidado el zapato —y añadió—

¿El zapato? ¿El zapato?

Parecía perplejo.

—El zapato —repitió el neurólogo— Debería usted ponérselo.

Continuaba mirando hacia abajo, aunque no al zapato, con una concentración intensa pero impropia. Por último posó la mirada en su propio pie.

—¿Éste es mi zapato, verdad?

¿Había oído mal el neurólogo? ¿Había visto mal él?

—Es la vista —explicó, y dirigió la mano hacia el pie— Éste es mi zapato, ¿verdad?

—No, no lo es. Ése es el pie. El zapato está ahí.

—¡Ah! Creí que era el pie.

El neurólogo quedó impactado con lo que acababa de ocurrir, no sabía que pensar, pues aunque el doctor P. se veía perfectamente sano, por lo visto estaba loco o ciego, o ambas, pero no quiso sacar ninguna conclusión sin hacer nuevas pruebas sobre lo que había sucedido.

Días después le presentaron al doctor P. una rosa y se le pidió que dijera que era este objeto:

—Unos quince centímetros de longitud —comentó—. Una forma roja enrollada con un añadido lineal verde.

—Sí —dijo el neurólogo— ¿Y qué cree usted que es, doctor P. ?

—No es fácil de decir —parecía desconcertado—. Carece de la simetría simple de los sólidos platónicos, aunque quizás tenga una simetría superior propia… creo que podría ser una inflorescencia o una flor.

—¿Podría ser? —inquirió el neurólogo.

—Podría ser —confirmó.

—olfatéela —propuso el neurólogo, y de nuevo pareció sorprenderse un poco, como si le hubiese pedido que oliese una simetría superior. Pero accedió cortés y se la acercó a la nariz. Entonces, bruscamente, revivió.

—¡Qué maravilla! —exclamó—. Una rosa temprana. ¡Qué aroma celestial!

Se le realizaron una serie de pruebas similares cada una con resultados más sorprendentes que la anterior, lo más extraño parecía ser que para el doctor P. todo lo que estaba pasando era natural, en algunas de las pruebas parecía sentir que lo había hecho todo muy bien.

Incluso en un momento al parecer decidió que estaba sano y pareció también decidir que la visita había terminado y empezó a mirar en torno buscando el sombrero. Extendió la mano y cogió a su esposa por la cabeza intentando ponérsela. ¡Había confundido a su mujer con un sombrero!

El extraño caso del Doctor P. se debía a un problema en el lóbulo temporal derecho, el cual le impedía emitir juicios frente a los estímulos visuales, es decir, podía ver y hacer categorizaciones más no podía saber qué era realmente lo que estaba viendo.

De este extraño suceso se ha realizado una película y  el caso está documentado en un libro clínico con el mismo nombre.

Fuente: http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/EJERCICIOS/2013-14/Sacks_Oliver-El_Hombre_Que_Confundio_a_Su_Mujer_Con_Un_Sombrero.pdf

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