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Así se ve la vida dentro del tintero de Manuel Felipe Álvarez-Galeano

Así se ve la vida dentro del tintero de Manuel Felipe Álvarez-Galeano

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Dentro del tintero de Manuel Felipe Álvarez-Galeano la vida se ve del mismo color de la poesía. Manuel Felipe es uno de los escritores jóvenes más versátiles de las letras colombianas actuales, un alma polifacética y amante del lenguaje que deja fragmentos de su alma en cada una de sus palabras. Es filólogo hispanista de la Universidad de Antioquia, Magíster en Literatura Española e Hispanoamericana de la Universitat de Barcelona y estudiante de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina, en la Universidad de Córdoba, Argentina. Adicional a todo esto, Manuel Felipe Álvarez-Galeano es poeta, escritor, corrector, traductor, columnista conferencista y docente de griego, italiano, latín y otras asignaturas.

La vida de Manuel gira en torno a la literatura, es por esto que es reconocido a nivel nacional e internacional. Ha recibido distintos premios y reconocimientos en América Latina y Estados Unidos. Su obra ha sido publicada y antologada en catorce países y traducida a ocho idiomas. Tiene varios libros inéditos que se han difundido parcialmente en portales, diarios y magazines. Sus obras publicadas son: El carnaval del olvido en Málaga, España (2013); Recuerdos de María Celeste, en Medellín (2002); y la novela El lector de círculos, en Chiclayo, Perú (2015).

En Gente Curiosa tuvimos la oportunidad de entrevistar a Manuel Felipe Álvarez-Galeano, hablamos de emociones, filología y poesía, para hacernos a la idea de lo que bulle en el tintero de un escritor.

Así se ve la vida desde el tintero de Manuel Felipe Álvarez-Galeano

1. ¿El poeta puede transformar la sociedad?

El poeta, como sujeto creativo y político, tiene siempre su voz abierta para revelar su noción de mundo, reflexionar los paradigmas que condicionan la sociedad de la que es partícipe e invitar al lector a confrontar las ideas, toda vez que la poesía es un canal donde se establece un vínculo y una complicidad para percibir la vida con una trascendencia, una criticidad y una confrontación constante que, sin duda, puede ostentarse como un eje transformador. El poeta, de alguna manera, es un niño que mantiene esa sorpresa frente a los símbolos y puede convertir lo más simple y nimio en algo complejo y bello, por medio de un proceso de abstracción que transforma a lo simbólico en una idea… ¿Cómo no, entonces, transformar otras cosas?; pues él, ante todo, es un observador contemplativo de una realidad, que la reinterpreta y la plasma en algo tan cercano como un libro o un verso que se recita.

Asimismo, tiene una beligerancia que le da la vida misma para recrear la memoria, la identidad y los valores de los pueblos. Cada vez más, en el mundo, se puede notar cómo hay más grupos que, desde la poesía, sensibilizan al mundo, así como poetas que viajan y llevan en su libreta a su patria e, incluso, fulguran como enlace de hermandad entre los pueblos. Sin embargo, no todo lo que dice el poeta acude a una verdad que deba considerarse como apología de algo, pero sí comprende que la palabra es un camino que no necesariamente tiene una llegada, e invita al lector a que camine o no junto a él. El poeta, por tanto, como un escriba de su realidad o de la realidad global, quizá no transformará la sociedad en un sentido global, pues esto es un ejercicio colectivo, pero sí imprime la necesidad y una forma gratuita y sensible de hacerlo. No obstante, hay poetas que han logrado dicha trasgresión por encima de su propia vida: Miguel Hernández, por ejemplo, fue mártir de un discurso opresor y, en otra proporción, la poeta ecuatoriana Dolores Veintimilla, quien se opuso a los lineamientos de la sociedad del siglo XIX que la oprimió hasta influir en su suicidio. Por tanto, el poeta puede llegar a ser mártir de sí mismo y del sistema de realidad al que el mundo lo arroja; aunque bien, también puede exiliarse en el destierro de sus emociones, como una paradójica forma de libertad.

2. ¿Cómo ha sido tu experiencia como inmigrante?

Llevo casi cinco años en esa condición y, si bien me ha traído frutos interesantes en materia académica y literaria, siempre me ha perseguido la nostalgia: es un precio que pago por la libertad; no obstante, siempre he sido receptivo a lo que cada latitud me muestra, y he logrado disfrutar lo que cada cultura ha imprimido en mi corazón, siempre desde la magia de lo simple, cosechando amistades y con una mochila cargada de recuerdos… jamás me he dado la licencia de olvidar lo que fui. Ser inmigrante es abrir más horizontes, pero se tiene la dificultad de empezar una vida alejado de los seres queridos que atrás quedaron, máxime cuando uno quiere, como poeta, llevar la bandera de su país con el mayor pundonor y, muchas veces, recibe la desidia de su terruño. Sin embargo, uno asume el compromiso; y el hecho de que en el exterior, con lo que uno escribe o plasma donde es invitado, la gente vea a Colombia con una mirada cálida hace que uno continúe en esta labor. Igual, siempre hay gente que, desde Colombia, valora lo que uno hace y eso alienta bastante; además, uno termina siendo de todos los lugares, uno pertenece a los sitios donde aprende a renacer y, en cada país en que he vivido, he renacido muchas veces, sobre todo cuando la soledad me ataca. Por fortuna, cada sabor, paisaje, vivencia o puerta que se abre me hacen pensar que el peso de las decisiones no siempre es doloroso. La palabra es mi mayor aliento.

3. ¿Cuál es la relación de la poesía con las emociones?

Es tanta la relación, que ambas coexisten, pues la poesía es la expresión más consecuente y explosiva de lo que es la emoción. El poema es el pergamino de un sentimiento contenido y que encuentra la más excelsa bendición de la vida cuando se plasma en un escrito; por eso, la poesía es el método más limpio de diálogo con la acción de vivir, con todo lo que esto supone. El arte, en su sentido amplio, comprende a veces un ejercicio de comunión, disputa o reconciliación con uno mismo; por ende, la poesía es un estado de constante exploración del ser, Whitman bien lo logra con su obra.

Es ya un lugar común asumir la poesía como una catarsis; sin embargo, no siempre es así, pues en ese viaje hacia el propio ser no siempre se da un carácter expiatorio, pues el poeta al escribir también puede taladrar más la herida. La poesía es, ante todo, una enfermedad que no te deja morir: es esa piedra que, una noche cualquiera, se lleva a cuestas; pero, en otra, la dejas y te crecen alas. Sin embargo, ese dolor no adopta propiamente un masoquismo —Baudelaire, en Las flores del mal, ya lo hablaría, pues también es una estrategia de fulgir lo que se quiere, lo que se quiso, a quien se quiso; o bien, mimetizar lo que uno fue, lo que cree ser y lo que quiere ser. La poesía también responde al ciclo de cada persona: hay momentos en que el color de lo que uno escribe es más oscuro que en otros; no obstante, el reto es aprender a leer esos instantes, pues se cae en la trampa de oscurecer innecesariamente el goce y el amor; así como, también, se quiere pintar con palabras más sonrientes lo que no lo amerita. Aunque, en este segundo caso, pintarle colores vivos al dolor es una forma de hacer catarsis… la poesía logra estas cosas. También, hay personas que tienen un gran talento para tejer, desde el lenguaje, un efecto sonoro que puede resultar engañoso, y que no obedece con sinceridad a lo que sienten: no es mi estilo, pero algunos gustan de esto.

4. ¿La poesía es una experiencia espiritual?

Para muchos sí lo es; por ejemplo, Tagore, Omar Jayam, Santa Teresa del Niño Jesús y otros toman en la poesía una forma de conectarse con esa idea mística, espiritual o de liberación por medio de la conexión íntima con el yo. Otros optan por fenómenos como el objetivismo, Reznikoff, Oppen y Rakosi, por ejemplo, cuyo lenguaje suele acudir a la cercanía con el lenguaje. En mi simple caso, mis primeros trabajos son de índole más compleja porque la emoción allí determinada también lo era; luego, he optado progresivamente por mezclar ese descenso a mi intimidad con una apuesta más cercana, precisa y contundente en el lenguaje. Esa adopción de lo espiritual la he tomado, ante todo, como una búsqueda constante y una exploración insondable desde el interior y con una hermenéutica más abstracta de la divinidad.

5. ¿En qué transformó tu experiencia poética el hecho de estudiar filología?

Me abrió los horizontes y puso un espejo nuevo a través del que tengo una óptica más expandida de la poesía. Me ha sido útil dentro de mi ejercicio de lector más que como escritor: sinceramente, trato de que la escritura lírica no tenga demasiada influencia de la academia: esta la dejo para mis ensayos y columnas; esto, a raíz de mi necesidad de evitar la trampa del hermetismo y para no perder la esencia reveladora. Trato, en lo posible, de que las lecturas no cierren el canal entre lo que quiero decir y lo que digo. De todos modos, la filología ha sido más que aportante para los saberes que aplico en mi marca asesora y de corrección de estilo, Killkana.

6. ¿Qué es Tinto en el tintero?

Es una estrategia asociada con mi marca Killkana, que nació en un café de la ciudad de Cuenca, donde, en febrero de 2018, surgió la idea de familiarizar las nuevas tecnologías con un gesto humanístico y con la simbología dialógica que representa el acto de compartir un café; por eso, he tratado temas vinculados con la literatura, la historia, la sociología, la psicología, entre muchos otros, cuyo tratamiento en el programa ha gustado mucho y ya hay un público que se mantiene expectante de lo que hablaremos el domingo a las 11:00 am. Ya hemos transmitido, en la plataforma de Facebook Live, desde Chile, Ecuador y Argentina. Han sido invitados expertos en la materia y, desde hace varias semanas, el escritor ecuatoriano Fabricio Silva me acompaña: su presencia le ha dado mayor dinamismo. Tiene varias secciones y siempre se busca estimular la cultura lectora, fomentar el libre pensamiento, la discusión y el respeto por la opinión. Estamos buscando alternativas en la radio y en la televisión, esto sería espléndido para darle mayor envergadura al proyecto. Se recomiendan autores nuevos y ya consagrados, a fin de gestionar espacios y darle resonancia a sus obras. Siempre recomendamos a los internautas que nos recomienden temas, con el objeto de que el crecimiento sea entre todos.

Manuel Felipe Álvarez-Galeano hace que la poesía se sienta como algo esencial, inherente a lo que somos. A nosotros solo nos queda sumergirnos en ella y sacar nuestras propias conclusiones.

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