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Estos son los riesgos de criar niños sin límites, estás a tiempo

Estos son los riesgos de criar niños sin límites, estás a tiempo

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La crianza es un gran reto, en cualquiera de sus etapas, muchos padres quisieramos tener una manual para lograr la mejor forma de educar a nuestros hijos y verlos felices, en este artículo que hoy compartimos contigo queremos evidenciar los riesgos de criar niños sin límites.

En SOY CURIOSO, crianza

Criar niños sin límites, estas son las consecuencias

Existe un refrán popular que viene a decir que:
A veces las obras bienintencionadas pueden llegar a pagarse con ingratitud
Este mismo dicho puede aplicarse a la crianza de los niños y los límites que los padres imponen, o más bien, dejan de imponer.
niña con sus padres

1. Son muchos los interrogantes y dudas que aparecen a la hora de educar

Así como las diferentes emociones que aparecen durante el proceso, especialmente a la hora de marcar límites. Es habitual que muchos padres tengan dudas y puedan llegar a sentirse «malos padres» al tomar decisiones que conllevan establecer normas y pautas de crianza.

Son muchas las dudas que se presentan ante la dura labor de educar a un niño:

  • ¿Lo estaré haciendo bien?
  • ¿Será está la opción más adecuada?
  • ¿Por qué si estoy convencida de que esta decisión es acertada siento como si no lo fuera?

Ante los millones de interrogantes que surgen a la hora de educarencontramos un exceso de artículos, libros e información sobre la crianza de los hijos.

2. Qué es y qué no es un límite

Sin embargo, este concepto se aleja mucho de otros como gritar, enfadar o ignorar y se acerca más al de estructurar, regular y enseñar.
Marcar un límite no implica alzar la voz o enfadarse, tampoco faltar al respeto. Educar supone decir «no» a peticiones que no pueden o deben llevarse a cabo y enseñar al niño que a veces hay que esperar para conseguir lo que se quiere.
También implica poner consecuencias a comportamientos que hay que corregir y ser consecuentes con las decisiones que se toman.

Para ello no es necesario que los padres eleven la voz, se enfaden o amenacen constantemente a sus hijos. El mensaje se puede transmitirse con calma, de forma clara y sin repetirse demasiado. No conviene lanzar amenazas absolutas o que nunca vayan a llevarse a cabo.

niña con sus padres

3. Ejemplo práctico

«¿Papá me compras la tarta de Peppa Pig?»

Imagina que estas en un supermercado y tu hija quiere que le compres la tarta de Peppa Pig. No es el momento ni la ocasión de comprar la tarta así que le dices que no. Ante tu negativa, tu hija insiste y comienza a llorar y patalear en el suelo.

En este momento comienzas a sentir vergüenza, porque la gente de tu alrededor te mira, empiezas a enfadarte cada vez más y para que la rabieta termine y no continué el espectáculo le compras la tarta a tu hija.

Tu hija feliz con su tarta se calla, tú dejas de sentir vergüenza y la compra puede continuar.En este ejemplo cuando los padres ceden se ven aliviados porque su hija ha dejado de llorar, ya no sienten vergüenza y su enfado no tiene por qué ir a más. Sin embargo, la niña ha aprendido que utilizando las rabietas puede conseguir aquello que desea.

niño llorando
si esto se convierte en una forma habitual de funcionar las rabietas podrían aumentar y convertirse en una forma habitual para conseguir lo que se desea.
La teoría de la coacción de Patterson y su trampa del reforzamiento negativo explican muy bien el ejemplo anterior y cómo para los padres resulta más sencillo a corto plazo ceder a las peticiones inadecuadas de los hijos.
Sin embargo, a largo plazo el coste será mucho mayor, ya que los comportamientos inapropiados se reproducirán a una velocidad exponencial. Cuando ante una conducta inadecuada, como una rabieta, golpes o amenazas, los padres ceden, las dos partes se «sienten bien».
Por un lado, los padres consiguen que el niño pare y deje molestar mientras que por el otro el hijo consigue lo que quiere.
A corto plazo parece que ambas partes ganan, pero a largo plazo las consecuencias pueden no ser tan agradables. El niño aprenderá a manipular al adulto mediante estas conductas y las utilizará de forma más habitual.

4. Las consecuencias de la falta de límites

Las personas a quienes no se les han puesto límites normalmente tienen una baja tolerancia a la frustración

Les cuesta controlar sus emociones y no responden bien ante el cumplimiento de normas y obligaciones. Suelen manipular y hacer sentir mal al otro con tal de conseguir su propósito.

Impertinencia, exigencia de privilegios, falta de constancia y esfuerzo, escasa paciencia, poca colaboración, problemas de conducta, agresiones o incluso destrucción de objetos son algunos de los problemas en los que puede derivar la falta de límites.

En los trastornos conductuales, como por ejemplo el trastorno negativista desafiante o el trastorno de conducta, caracterizados por un desafío constante y la ruptura de normas, es frecuente encontrar una educación carente de límites dónde es el niño quien ordena, manda y decide.

Son muchos los hogares donde quien tiene la última palabra es el menor y son los adultos quienes acomodan sus planes y rutinas a las demandas y caprichos del hijo.

Una de las labores fundamentales de los padres es educar para que el propio niño pueda autorregularse. Sin embargo, para que el niño pueda regularse a sí mismo antes ha tenido que haber sido regulado desde fuera.

Son los padres, y no otras entidades o personas, quienes tienen el deber y la obligación de educar a sus hijos.

Esto implica escuchar, enseñarles que es lo correcto e incorrecto, decir «ahora no», «esto ya lo hemos hablado» o «tendrás que esperar» en muchas ocasiones, frustrar y enseñarles a superar esa sensación. Educar no es una labor sencilla, pero si no la asumen los padres, ¿quiénes lo harán?

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