Oraciones hebreas para la noche: El Shemá y la bendición de «HaMapil» son oraciones poderosas hebreas que nos hacen meditar sobre el descanso y la necesidad de poner en manos de Dios nuestro tiempo de sueño.

Yo sabía que un judío debe decir la plegaria del Shemá dos veces al día, por la mañana y por la noche. Sin embargo, hace poco leí que debe decirla una tercera vez: al acostarse. ¿En qué consiste esta práctica?

Oraciones hebreas para la noche: Respuesta del Rabino de Aish

«Kriat Shemá al ha-mitá» es la plegaria que decimos al acostarnos, e incluye el primer párrafo del Shemá así como la bendición de «HaMapil».

El Talmud dice que cuando dormimos por la noche, el alma sube al cielo para rendir cuentas por el día. Esto deja al cuerpo “desprotegido” por así decir, por lo que recitamos el Shemá y la bendición de HaMapil para contrarrestar esta situación.

Otro objetivo del Shemá al acostarse es irse a dormir con palabras de Torá. El primer verso del Shema, del sexto capítulo del Deuteronomio, está entre los más conocidos en toda la liturgia judía. Es recitado en el momento culminante al final de la oración de Yom Kipur, el día más sagrado del año, y tradicionalmente son las últimas palabras antes de morir. Tradicionalmente es recitado con la mano sobre los ojos.

oraciones hebreas antes de dormir

Este es el texto del Shemá:

Tercera bendición:

Tu enseñanza es verdadera y duradera. Tus palabras están establecidas para siempre. Magníficas y veneradas son ellas, eternamente correctas; bien ordenadas son ellas, siempre aceptables. Son dulces y placenteras y preciosas, buenas y hermosas y amadas. Verdadero es que el Dios eterno es nuestro Rey, que la roca de Jacobo es nuestro escudo protector. Él es eterno y Su gloria es eterna; Él es Dios para todas las generaciones. Su soberano trono está firmemente establecido; Su fidelidad perdura por todos los tiempos.

Sus enseñanzas son preciosas y duraderas; viven para siempre. Para nuestros ancestros, para nosotros, para nuestros hijos, para cada generación del pueblo de Israel, para todas las edades desde el primero hasta el último, Sus enseñanzas son verdaderas, eternas. Verdadero es que Tú eres el Señor nuestro Dios, aun cuando Tú fuiste el Dios de nuestros ancestros. Nuestro Rey y el Rey de nuestros ancestros, nuestro Redentor y el Redentor de nuestros ancestros, nuestro Creador, nuestra fortaleza victoriosa. Siempre nos has ayudado y nos has salvado. Tu nombre perdura para siempre. No hay Dios sino Tú.

Siempre fuiste la ayuda de nuestros ancestros, un escudo para ellos y para sus hijos, nuestro salvador en cada generación. A pesar de que vives en el pináculo del universo, Tus justos decretos se extienden hasta los confines de la tierra. Feliz el que obedece tus mitzvot, el que lleva a su corazón las palabras de Tu Torá. Tú eres, en verdad, el Señor de Tu pueblo, su defensor y poderoso Rey. Tú eres el primero y Tú eres el último. No tenemos Rey o Redentor más que Tú.

Nos rescataste de Egipto; Tú nos redimiste desde la casa de la esclavitud. El primogénito de los egipcios fue asesinado; Tu primogénito fue salvado. Dividiste las aguas del mar. A los creyentes Tú rescataste; a los malvados ahogaste. Las aguas engulleron a los enemigos de Israel; ningunode los arrogantes permaneció vivo. Entonces Tus amados cantaron himnos y aclamaciones, exaltándote con salmos y adoración. Aclamaron al Dios Rey, gran y magnífica Fuente de todas las bendiciones, el Dios siempre vivo, exaltado en majestad, que redime al humilde, ayuda al necesitado y responde al llamado de Su pueblo. Alabado sea el supremo Dios, alabado siempre es Él. Moisés y el pueblo de Israel cantaron con gran júbilo esta canción al Señor:

“¿Quién como Tú, entre los dioses, oh mi señor? ¿Quién como Tú, inmenso en santidad. El más digno de alabanzas y hacedor de milagros”. (Éxodo 15:11)

Los redimidos cantaron una nueva canción para Tí. Cantaron en coro en la playa del mar, aclamando Tu soberanía: “Y reinará el Eterno para siempre”. (Éxodo 15:18)

Roca de Israel, levántate para la defensa de Israel. Cumple Tus promesas para salvar a Judá y a Israel. Nuestro Redentor es el Santo de Israel, Adonai tzeva’ot es Su nombre. Alabado seas Tú, Señor, Redentor del pueblo de Israel.

Este es el texto de la bendición de «HaMapil»:

“Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, que haces caer el peso del sueño sobre mis ojos y la somnolencia sobre mis párpados. Que sea Tu voluntad, Hashem, mi Dios y Dios de mis antepasados, que me acueste en paz y que me levante en paz. Que mis ideas, sueños negativos y malos pensamientos no me confundan, que mi descendencia sea perfecta ante Ti e ilumines mis ojos para que no muera durante el sueño. Porque Tú eres quien ilumina la pupila del ojo. Bendito eres Tú, Hashem, que ilumina al mundo entero con Su gloria”.

Descansa.

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