Juana la Loca o la triste historia de los estragos de los celos

Por Karla Arango Mujer Valiente 156 Visitas
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Juana I de Castilla, Reina de Castilla pasó a la historia con el epíteto de Juana  la Loca por atreverse a ser ella misma en una sociedad manipulada por los hombres y corrompida por los deseos de poder. La historia de Juana es interesante, porque aunque haya ocurrido hace 500 años, bien podría ser el espejo perfecto de muchas mujeres que aún en la actualidad se ven dominadas y juzgadas por actitudes y prejuicios machistas.

Juana la Loca o la triste historia de los estragos de los celos

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Juana I de Castilla nació en Toledo en 1479 y era la tercera hija de los Reyes Católicos. Esta mujer recibió desde su infancia una educación con orientación humanista en la que se destacó en el dominio de las lenguas romances y la música. Era inteligente, talentosa y muy apasionada. Su madre sabía que cultivar intelectualmente a su hija era la mejor arma para que ella pudiera desenvolverse en un mundo en el que ser mujer era casi un delito.

Como era típico de la época, Juana estaba siendo criada principalmente para ser la esposa de un gran príncipe o ¿Por qué no? ¡La reina! Sucedió, que como era de esperarse, cuando Juana tenía la edad para ser desposada, organizaron su matrimonio con el Archiduque de Austria “Felipe el Hermoso” utilizando a la princesa como una pieza de ajedrez, con el fin de proteger a La Corona de sus enemigos franceses. Y desde aquí, se empieza a desenvolver la historia de cómo se ganó su caracterización de “Loca” para la posteridad.

A diferencia de lo que se puede esperar de un matrimonio por conveniencia. Cuando Juana y Felipe se conocieron, el flechazo fue inmediato. La química entre ambos era tan evidente, que los preparativos para la boda no se hicieron esperar, debido a que los príncipes deseaban gozar el uno del otro con suma urgencia. Y así fue, ambos se dedicaron a disfrutarse y a explorar las diferentes facetas de su sexualidad, tanto que al poco tiempo, Juana quedó embarazada de su primer hijo.

¿Por qué se le llamó Juana la Loca?

Hasta aquí, podríamos decir que todo pintaba color de rosa para la futura Reina. En 1500 la muerte de sus hermanos y de un sobrino la convirtieron en la heredera de las Coronas de Castilla y Aragón, todo parecía perfecto, sería la reina y estaba acompañada del hombre que amaba.  Sin embargo, al poco tiempo de quedar embarazada, Felipe empezó a involucrarse con un sin número de mujeres, haciendo que Juana hirviera de celos y  transformara su amor en una obsesión que sería la encargada de configurar lo trágico de su destino.

Los celos empezaron a dañar la mente de la Reina, quien se dedicó a espiar a su marido, buscando los indicios que casi siempre encontraba para infortunio de su corazón. Cuenta la leyenda, que una de las damas de la corte con la que Felipe tenía amoríos, se jactaba de ser la favorita del rey, miraba de forma burlona a Juana e incluso hacía gala de algunos regalos que él le daba para molestar a la Reina.  Una noche mientras acicalaban a Juana, la dama en cuestión entró a sus aposentos y empezó a provocarla como era costumbre. Pero esta vez, a Juana se le olvidó que era una reina, dejó los modales a un lado, y tomando unas tijeras cortó la larga cabellera rojiza de la querida de su esposo.

Un trágico desenlace…

Para no hacer el cuento demasiado largo, después de esto La Reina se dedicó a tratar de complacer a su insaciable esposo tratando de encender la llama que los unía. De aquí resultaron 6 hijos, entre ellos la infanta Catalina quien nació cuando su padre había muerto. Aunque en medio de esto, las andanzas de “Felipe el hermoso” no menguaron, convirtiendo a Juana en una mujer obsesiva. Esto le costó varios encierros, de los que se libraba gracias a su inteligencia, a su habilidad con las palabras y a su carácter apasionado. Sin embargo fue la muerte de su esposo la que marcó el punto decisivo para su reclusión definitiva.

Es preciso decir que en medio de esta historia de celos y traiciones, su esposo y su padre tenían fuertes disputas por el trono, disputas que fueron continuadas por su hijo. Todo esto aumentaba la impotencia de la Reina haciendo que sus nervios se alteraran, para convertirse en una mujer que no tenía miedo de decir lo que pensaba, y de dejar las convenciones a un lado para actuar según le dictaba su corazón.

Cuando Felipe murió, la reacción de Juana fue completamente inesperada. La Reina no derramó ni una sola lágrima, pero en lugar de eso acompañó el féretro de su esposo por gran parte de Castilla, estando embarazada, porque tenía miedo de que sus restos se perdieran. Su padre no desaprovechó la oportunidad para retomar el poder, justificando que este no era el comportamiento de una persona normal, y encerró a Juana en una torre en Tordesillas (Valladolid) durante 46 años hasta el día de su muerte.

Hasta aquí la historia de Juana, cada una puede juzgar si en realidad estaba loca o si simplemente era una mujer celosa, como muchas de nosotras. Desde mi punto de vista, Juana fue solo una víctima de los hombres que aprovecharon su inmenso amor por Felipe para justificar el porqué se le robaban el trono. Cabe destacar que en esa época el amor solo pertenecía a los libros, las personas se casaban por conveniencia y para ellos era demasiado descabellado que La Reina le pidiera fidelidad a su esposo, cuando ser infiel era parte del oficio de ser Rey.

Aunque el destino de Juana es trágico, es la muestra de como a través de la historia las mujeres han sido vulneradas por su derecho a sentir. Con esto no quiero decir que los celos sean sanos, sino que me parece injusto que la vida de una mujer sea manchada en la historia, por sus celos, celos que se manifiestan tanto en hombres como mujeres, y que han causado guerras como la de Troya.  La diferencia es que como en Troya los protagonistas eran hombres fueron llamados héroes, y como Juana era mujer fue tildada de Loca.

 

 

 

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